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Carlos
Alberto Londoño, nacido en Medellín
el 17 de mayo de 1937, son 54 años de trabajo
continuo con el cuento de la danza folclórica.
Estudió danza folclórica con el Conjunto
Típico Tejicondor de Medellín (1954
– 1956) y en la Academia de Danzas de Jacinto
Jaramillo en Bogotá (1957 – 1960), presentándose
junto con estos grupos en diferentes ciudades del
país y en varios festivales, ferias, centros
culturales, coliseos, programas de televisión
y teatros.
Bailó hasta el año de 1960, cuando inició
su carrera de maestro en danzas folclóricas.
Fundador de varios grupos, entre los cuales se puede
nombrar la participación como cofundador de
la Escuela Popular de Arte EPA, allí laboró
entre 1967 y 1989. Cuando se jubiló, fue el
primer maestro de danzas que en Antioquia conseguía
este privilegio. En esta Escuela se desempeñó
como profesor, coordinador de sección danzas,
jefe de departamento de investigación, director
del grupo de proyección, cofundador de CIPROFOLK
(Centro de Estudios y Promociones Folclóricas),
también perteneció en CEF (Centro de
Estudios Folclóricos), con estas dos organizaciones
participó en numerosos trabajos de investigación
de campo, director y fundador del Grupo Experimental
de Danzas de la Universidad de Antioquia, (1967-1991)
en donde también se desempeñó
como profesor de la cátedra danza I y danza
II del pregrado de educación física,
(1975-1991) director y creador del grupo Tambores,
para la investigación del grupo Experimental
de Danzas de la U de A. |
Alberto
Londoño es creador de más de 40 coreografías
en danzas tradicionales de las cuatro zonas culturales de
Colombia. Con los alumnos de la Escuela Popular de Arte
dirigió trabajos experimentales como: La Patasola,
La Madremonte, La Vaquería, la Novena Navideña
y la Vivienda de Tugurios. Con el grupo Experimental de
Danzas de la U de A, creó obras danzarias experimentales
con contenidos políticos: La Mina, La Jorikamba,
la Cosechera, Rajando Leña y Fiesta en la Montaña,
todas estas creaciones se apoyaron en la investigación
de campo y de biblioteca y con un trabajo colectivo en el
que participaron todos los integrantes del grupo.
Fundador
y director de los grupos de danza Fuego Tropicano, Ballet
Folclórico los Catíos, Conjunto Folclórico
de Everfit, Conjunto Folclórico de Satexco Y Danzas
de la Universidad Pontificia Bolivariana. También
fue organizador, director y presentador de eventos culturales
y espectáculos artísticos: festivales, concursos,
muestras, encuentros e intercambios. Jurado en concursos
locales y nacionales, investigador, conferencista.
Creador de los eventos y espectáculos artísticos
de arte danzario en Latinoamérica para el formato
de dos bailarines en el escenario con el nombre de DANZA
POR PAREJA. Autor de los libros: Danzas Colombianas y Baila
Colombia, los dos publicados por la editorial de la Universidad
de Antioquia (1988 y 1995) y el libro Tres Danzas de Mompox.
Director y creador de los videos: Baila Colombia y Danzas
Latinoamericanas. Creador y fundador de la Muestra Latinoamericana
de Bailes Folclóricos por Pareja; evento que nació
en Bogotá (Colombia) en 1993, y desde entonces se
realiza cada año en un país diferente de Latinoamérica.
Fundador y director del Festival Internacional de Baile
por Pareja “Danza Colombia “, evento que se
realiza cada año en la ciudad de Medellìn
(Colombia).
Internacionalmente ha dictado talleres de intercambio cultural
de danza folclórica colombiana en la Universidad
Central de Quito (Ecuador), la Universidad de san Marcos
de Lima (Perú) y la Escuela de Educación Física
de la Paz (Bolivia). Ponente en la Primera y en la Segunda
Conferencia de Arte popular en Lima (Perú) en el
año 2000 y en Sao Paulo (Brasil) en el 2001. Delegado
por Colombia a las Muestras Latinoamericanas de Baile Folclórico
por Parejas de: Costa Rica, Chile, México, Perú,
Panamá, Argentina y Ecuador.
Alberto Londoño fue socio fundador y presidente del
Consejo Antioqueño de Danza (CONDANZA) EN 1995 al
2000. Miembro del Primer Consejo Nacional de la Danza, creado
por el Ministerio de Cultura de Colombia en 1996 a 1998.
Concejero cultural en representación del área
de danzas en el Municipio de Medellín (2000 a 2004).
Vicepresidente de la Muestra Latinoamericana de Baile por
Pareja desde 1993 y director vitalicio del Festival de Danza
por Pareja Danza Colombia desde 1994 y miembro del Consejo
Internacional de la Danza “CID” de la UNESCO.
Alberto Londoño ha recibido reconocimientos importantes
por su trabajo cultural y con la danza folclórica
de: Universidad Central de Quito (Ecuador), Universidad
de San Marcos (Lima, Perú), Universidad de Bío
Bío de Concepción (Chile), Alcaldía
Viña del Mar (Chile), Alcaldía Ciudad de Panamá
(Panamá), Alcaldía Municipio de la Ceja (Antioquia),
Congreso Nacional de la República de Colombia. Condecorado
con la gran Orden Ministerio de Cultura (2009), entregado
por la ministra Dra. Paula Marcela Moreno Zapata, en acto
especial realizado en el Palacio de Nariño con la
asistencia de los más destacados maestros de todos
los géneros de la danza de Colombia, el embajador
de la República del Salvador y el embajador de la
República de China.
INVESTIGACIÓN UNA HERRAMIENTA PARA LA SABIDURÍA
El
trabajo de Alberto Londoño es amplio en investigación
y en conocimiento; todo comienza de manera ocasional en
1954, pues se encontraba trabajando en Tejidos el Cóndor
S.A (empresa textilera de Medellín que tenía
una compañía folclórica) y por iniciativa
de una compañera de trabajo se encontró involucrado
en el grupo de danzas de proyección en Tejicondor,
que estaba conformados por 50 personas, (trabajadoras de
la empresa) coro, estudiantina, tríos, solista, cuerpo
de baile, orquesta, y como director musical, Carlos Vieco,
y en las danzas Luz Echeverri. Es así como a los
15 días se encontró viajando por primera vez
en un avión hacia la ciudad de Manizales, allí
hace su debut en el teatro Olimpia, el más importante
de la época, con el Sanjuanero el Contrabandista
y la cumbia Cienaguera. Ocho días más tarde
se presentó en el salón Dorado del Club Unión
de Medellín, recinto destinado a los más importantes
actos académicos, científicos y culturales
exclusivos para la alta sociedad de Antioquia. Uno de los
socios del Club expresó: “es la primer vez
que unos alpargates pisan este recinto “. Con esta
compañía se presenta en varias ciudades de
Colombia. En los teatros: Colón y Colombia de Bogotá,
municipal de Cali, Olimpia de Manizales; Fiesta de las Flores
y teatro Junín de Medellín. Participó
en las tres primeras ferias de Manizales, siendo siempre
declarado fuera de concurso. También lo hizo en clubes
sociales, plazas de toros, coliseos, de Manizales y Medellín.
Después
de tres años de bailarín en Tejicondor en
1957, viajó a Bogotá para formarse en danzas
dentro de la academia de Jacinto Jaramillo en donde recibe
técnica en danza moderna, ingresa al ballet Cordillera
como bailarín; con este grupo se presentó
en televisión durante un año cada quince días
en el Programa “ Apuntes sobre el Folclor ”,
que el maestro Jaramillo presentaba en la televisora nacional;
allí también se hizo socio del Círculo
Colombiano de Actores CICA, para involucrarse como actor
extra en pequeños papeles de dramatizados y programas
de farándula de la TV; como complemento con otros
grupos de danza, se presentó en programas de la Media
Torta, en clubes sociales, y auditorios culturales de la
capital, todo esto para la ayuda de su crecimiento dancístico,
que seguía en permanente formación. “Toda
la vida he estado estudiando porque es que eso de la danza
es tarea de estudiar todos los días”.
Esta etapa marcó en este bailarín un pensamiento
que se formó con la guía de Jaramillo quien
no enseñaba a bailar danzas folclóricas, sino
técnica de danza moderna y aspectos técnicos
y teóricos para comprender el significado de las
mismas. “El maestro no concebía una danza sin
fundamentación histórica, ni tampoco una danza
sin contenido temático, todas las danzas de Jacinto
contaban una historia, por eso yo digo que la danza es un
cuento, que se cuenta con el cuerpo.”
Ya
finalizada esta etapa en 1960, vuelve a Medellín
y organiza su primer grupo en el Palacio de Bellas Artes,
conformado con personas que partían de cero en eso
del cuento de la danza folclórica. Pero no tuvo éxito;
aún así, este joven no deja decaer su ánimo,
y en medio de este camino se encuentra organizando un grupo
de danza en EVERFIT (fabrica de vestidos de hombre, con
trabajadores que no tenían idea de danzas). No contento
con esto fundó otro grupo al que llamó FUEGO
TROPICANO, integrado por maestros de danzas de Medellín,
que tenía como misión crear un grupo profesional
en danza folclórica, y con la visión de realizar
una gira por Centro América.
La primera parada fue en la ciudad de Bogotá, ciudad
donde estuvieron tres meses e hicieron varias presentaciones:
tv nacional, clubes nocturnos, cuarteles del ejército,
y en programas organizados por la empresa Bavaria, pero
este proyecto no dio los resultados esperados, todo fue
un fracaso; y regresaron a Medellín para terminar
con esta aventura.
Por este mismo tiempo forma pareja con Marta Herrón,
con la que se presentó en casetas y heladerías
dentro de las ferias de Cali y las fiestas de las flores
en Medellín, donde bailaron: cumbia, mapalé,
torbellino y el bambuco que era su danza predilecta. En
este baile, ambos apostaban a que él la besaría
y ella le daría una cachetada, unas veces ganó
Marta y otras Alberto. Este condimento le dio a la interpretación
del bambuco un contenido muy llamativo que despertaba mucho
entusiasmo en el público que los veía.
En 1960 bailó en el teatro Pablo Tobón Uribe
un bambuco con Noralia Zapata y en 1966 lo bailó
con Luz Marina Echavarría en el Palacio de Bellas
Artes. En 1969 y 1970 bailó el Tres con el grupo
de la Universidad de Antioquia. Sus dos últimas presentaciones
como bailarín fueron en la Paz (Bolivia) y en San
Pedro de Acatma (Chile) en 1992, en las cuales bailó
la cumbia con Cristina Camargo, el Joropo con María
Victoria Camacho y el Tres con las anteriores.
Después
de Fuego Tropicano me dediqué a dar clases de danza
folclórica y bailes de salón en escuelas,
barrios, casas de familia, y en todo lo que resultara”.
En 1964, comienza como auxiliar de danzas de la profesora
Marta Herrón, en el Instituto Popular de Cultura
del municipio de Medellín. En 1965 en esta misma
institución, fundó un segundo grupo con estudiantes
jóvenes que tenían quince años de edad
en promedio, y con ellos comienza a hacerle competencia
al grupo que dirigía la profesora Herrón.
En 1967, las directivas ordenaron la fusión de los
dos grupos, para con ellos crear una pre-escuela en danzas,
que tenía como misión y visión crear
el Ballet Folclórico de Medellín. En 1967
se presenta el retiro de Marta Herrón (por problemas
de salud) y Alberto Londoño asume la dirección
del grupo, con este grupo participó en varios eventos
y festivales, ganaron premios, como fue en el Festival Folclóricos
de Ibagué en 1967 y 1968, en ambos festivales fue
declarado fuera de concurso con medalla de oro.
PRIMICIAS
DE LA INVESTIGACIÓN
En medio de estos festivales se reunía con varios
de los grupos participantes para hacer intercambios de conocimientos
teóricos, pedagógicos y culturales. Como resultado
de estas experiencias se fortalecen los programas de la
pre- escuela y del grupo de proyección coreo musical
del Instituto Popular de Cultura. En 1970 este programa
se convierte en lo que más tarde fue la Escuela Popular
de Arte (EPA). A este proyecto se sumaron Oscar Vahos, Jesús
Mejía y Miguel Cuenca. “la necesidad de enseñar
implicaba cosas nuevas, entonces en 1968 llegó a
Medellín el señor Octavio Marulanda de Cali
a dictar unas conferencias sobre folklore y sobre investigación;
esta conferencian nos motivó para meternos en el
cuento de la investigación”
Cuatro profesores del Instituto Popular de Cultura (Miguel
Cuenca, Ramiro Álvarez, Mario Francisco Restrepo
y Alberto Londoño) viajan a Mompox, Bolívar,
en 1969, a realizar su primera investigación de campo
y, con una previa indagación sobre lo que es la investigación,
fundamentaron su metodología en la información
oral, ¿cómo recogieron lo que hacían
los bailarines? “Para resolver el problema se me ocurrió
hacer lo que hacen los narradores de partidos de fútbol,
por tanto me tocó describir con mi voz todo lo que
pasaba en la danza, explicar todo lo que hacían los
hombres y las mujeres, cómo se desplazaban, cómo
eran los pasos, las actitudes, la expresión, las
figuras corporales y planigráficas. Yo narraba todo
lo que pasaba, pero como todo sucedía tan rápido
las equivocaciones fueron muchas, esto me obligó
a sentarme con los directores de cada danza a escuchar la
grabación y hacer las correcciones pertinentes y
talleres prácticos.”
De
este trabajo se recopilaron tres danzas importantes de la
región: Indios de Mompóx, los Collongos, y
los Negros de Guataca, material con el que se publicó
un libro con un tiraje de 1000 ejemplares llamado “Tres
Danzas de Mompóx”, “fue el primer trabajo
de investigación de campo que se hizo en Medellín,
este trabajo nos sirvió para empezar a auto capacitarnos
ya que los conocimientos que teníamos sobre folclor
eran muy limitados ” Esto da amplitud en su trabajo,
por que como el mismo lo expresa “era la necesidad
de aprender, de conocer y de investigar, por lo tanto, continuamos
realizando muchas investigaciones y recolecciones de campo
en Antioquia y en Colombia, y esto nos dio un panorama bastante
amplio sobre la danza folclórica en nuestro país”.
Con
esta investigación de campo como fuente, Alberto
Londoño con otros compañeros de la EPA forman
un equipo de trabajo para la investigación llamado
CIPROFOLK (Centro de Investigaciones y Promociones Folklóricas),
este grupo duró muy poco tiempo, pero surge otro
llamado CEF (Centro de Investigaciones Folklóricas.).
Con estos dos grupos se hacen muchos trabajos de recopilación
en los diferentes festivales de la época, pues viajan
a Ibagué, Neiva, Buenaventura, Villavicencio, Carnavales
de Barranquilla y así, donde quisiera que hubiera
danzas, allí estaban. Además de la información
recogida realizaban talleres con los grupos participantes;
fue un aprendizaje tanto para él y los investigadores
como para sus estudiantes, puesto que el objetivo de este
maestro, no solo era investigar, sino, enseñar a
sus alumnos de la EPA, porque para él la responsabilidad
en este tipo de educación era diferente: “la
EPA era para enseñarle a futuros profesores y la
responsabilidad que se tenía con estos futuros maestros,
requería de una formación integral en torno
a la danza folclórica, que no era para divertirse
o parrandear, era cuestión de mucho trabajo, de estudio
permanente, y de una investigación muy seria.”
Con esta premisa los alumnos empezaban su carrera en la
EPA, además de las condiciones exigidas, y la convicción
de cada uno por lo que quería hacer, pues como lo
dice este gran maestro “el alumno que aspira a ser
profesor de danza, director de grupo, coreógrafo
y creador de obras de arte danzario, tiene que tener un
proyecto de vida en torno a esta profesión. No tiene
que ser un bailarín virtuoso, lo más importante
es una buena formación técnica, académica,
pedagógica y unos buenos conocimientos sobre cultura
tradicional. En lo técnico está la forma,
o sea lenguaje corporal, estructura coreográfica
y puesta en escena; en lo pedagógico, la metodología
y la didáctica, en lo tradicional las características
y los fundamentos básicos propios de los hechos folclóricos
y una buena sustentación teórica sobre la
forma y su contenido, lo funcional, su entorno y su contexto
”.
Para fortalecer el conocimiento sobre las expresiones culturales
tradicionales de Colombia, en la EPA se creó el departamento
de investigación y su director durante los diez primeros
años fue el maestro Alberto Londoño. El nuevo
departamento prestó asesoría a los estudiantes,
que tenían como obligación hacer trabajos
de investigación de campo asesorados por el profesor
responsable de la materia, y como resultado final, presentaban
un trabajo experimental basados en las investigaciones realizadas.
En cada trabajo se recogía información sobre:
folclor coreográfico, musical, demosòfico
y literario: el estudio de estas cuatro ramas del folclor
era la base para que los alumnos entendieran este cuento
de la cultura popular tradicional y pudieran hacerse preguntas
sobre el qué, el cómo y para qué; dónde
nace, cómo nace, quiénes lo practicaban, por
qué y para quién lo hacían. Todos estos
elementos fueron muy importantes para sus creaciones experimentales
y para sacar conclusiones sobre el contenido, la forma y
la función que tuvo o tiene la danza folclórica
en su contexto natural, y cuál es la función
que esta debe cumplir como espectáculo artístico,
como documento histórico, y dentro de la formación
integral de la educación normal de niños,
jóvenes y adultos. “Todas estas vivencias y
conocimientos son muy importantes para el futuro maestro
de danza, porque se convierten en un complemento para su
propia vida, y para su futuro personal.”
Paralelamente,
en la década de los 70 viene su trabajo experimental
con el grupo de danzas de la Universidad de Antioquia, grupo
que fundó en 1967, y en el que trabajó durante
25 años. Este grupo de danzas logra realizar un trabajo
experimental diferente al de los demás grupos de
danza folclórica, porque en ese momento en las universidades
se presentaba una lucha por ideales políticos; por
consiguiente el movimiento estudiantil era muy fuerte, se
presentaban muchas protestas, y todo se cuestionaba. Esto
obligó al grupo de danzas de la U de A trabajar la
danza con contenidos políticos. ¿Cómo
lo hicieron?, ¿a quién estaba dirigido este
trabajo? “ El grupo propuso un foro al final de cada
presentación, pero en estos foros se presentan comentarios
como: El folclor es idealista, retrógrado, conformista
y anti revolucionario. “Esto nos hizo entender que
el folclor no es la reproducción fiel de un pasado
de unas danzas tradicionales; lo importante era tomar elementos
básicos del folclor y darles una nueva forma, con
un contenido temático y sociopolítico”.
Así nació la danza experimental con contenido
político en el grupo de la U de A.
El
primer trabajo con esta filosofía fue: “LA
MINA” (danza con lenguaje corporal con técnica
de danza moderna, con un contenido esclavista) creada por
Jacinto Jaramillo, sobre un canto tradicional minero del
Pacífico. El tema tiene que ver con el trabajo en
los socavones y canalones, donde muere un esclavo y sus
compañeros lo velan, lo cantan y lo entierran, para
luego regresar a sus trabajos y todo continúa como
antes. Pero este contenido fue cuestionado por los estudiantes
de la Universidad de Antioquia, que lo calificaron como
conformista. Esto obliga a su director Alberto Londoño
a cambiar el contenido final y a reestructurar la puesta
en escena, dándole mucha importancia al canto, porque
este cuenta la tragedia que vivieron los esclavos africanos
en las minas del Pacífico colombiano. En la danza
los bailarines interpretan lo que dice la canción,
con un lenguaje corporal que muestra las diferentes situaciones
que viven los esclavos en los socavones de las minas. La
danza termina con una rebelión que conduce a la libertad.
Otros
de los trabajos experimentales del grupo es: “LA JORIKAMBA”
en la que su versión original el capataz triunfa
y somete a los esclavos, y en la versión que pone
en escena el grupo de danzas de la Universidad de Antioquia
el capataz muere y los esclavos consiguen la libertad.
En
el camino de este grupo, y en medio de un festival de cumbia
en el Banco (Magdalena) aparece Antonio García, compositor
revolucionario, quien le obsequia al grupo de danzas de
la U de A las letras de las cumbias: La Cosechera y Tambor
y Tambora, con textos literario de protesta, temas que sirven
de base para el montaje de “LA COSECHERA”, que
tiene como temática la pesca con tarraya, el cultivo
del arroz y la fiesta de los Carnavales de Barranquilla;
el lenguaje corporal de este montaje corresponde a estos
temas, que en el trabajo experimental contiene danzas caribeñas,
como la cumbia, el bullerengue, las pilanderas, la puya,
y termina con una cumbia que proclama la libertad llamada
“Tambor y Tambora ”
Otro
trabajo experimental fue: “RAJANDO LEÑA”,
con base en ritmos tradicionales del Gran Tolima. En este
trabajo se desarrollaba una temática relacionada
con la evolución del hombre, comienza con la “Danza
de los Monos”, seguido de la “Caña Brava”,
danza que muestra la construcción de una vivienda
campesina construida con “caña flecha”.
Luego sigue: “EL Trapiche y la Molienda”, donde
se muestra los diferentes etapas para la producción
de la panela desde el corte de la caña hasta la empacada
del producto, y los diferentes trapiches a través
del tiempo. Luego venían los reinados y los pregones
callejeros de ciudad, junto con ellos las fiestas de San
Juan; pero se mantenía la crítica a los reinados
y al gobierno, pues en estos tiempos empezaba a aparecer
la universidad a distancia, y las casas sin cuota inicial.
El montaje terminaba con los “MATACHINES”, danza
que tenía como tema el bien y el mal; el bien estaba
simbolizado por la virgen y el mal por el diablo, y los
matachines eran el pueblo. La versión original es
una danza de disfraces, en la del grupo de la Universidad
de Antioquia, los matachines vestían con trajes cotidianos
y sin máscaras, porque el grupo pensaba, “matachines
somos nosotros, los seres humanos (pueblo). En la primera
parte de esta danza, el bien y el mal se disfrazan de virgen
y de diablo, pero en la segunda parte, la virgen enarbola
el trapo azul y el diablo el trapo rojo, símbolos
de los dos partidos tradicionales de Colombia, y esto confundía
a los matachines, pero al final los matachines que representaban
al pueblo los expulsan proclamando la unidad popular.
“FIESTA
EN LA MONTAÑA” En este montaje se
hablaba de la historia de Antioquia, comenzando por la época
minera, y pasando por la colonización, la industria
cafetera y las fiestas familiares de campo, donde bailan
parranda campesina, vueltas, pasillo, bambuco y redova.
La puesta en escena de estos montajes experimentales contó
con el aporte colectivo de todo el grupo, cada bailarín
asumía sus propias responsabilidades, como la investigación,
la experimentación, los contenidos antropológicos
y sociales, esto era lo que le daba al grupo una identidad
en el cuento de la danza folclórica.
Igualmente,
Alberto Londoño hizo otros trabajos de investigación
como: las vueltas, los gallinazos, la redova, el chotis,
la cachada, los toritos y el sainete en Antioquia, el paloteo,
la danza del congo en los Carnavales de Barranquilla; la
danza del caimán en Ciénaga (Magdalena); los
matachines, la danza de las cintas y el sanjuanero huilense
en el Gran Tolima; el currulao, la juga, el bunde y los
chigualos en el litoral Pacífico; el Joropo, en Villavicencio
y San Martín (Meta); el bullerengue, en San Juan
de Urabá; el trabajo de la pesca en Taganga (Magdalena);
la fabricación de la marimba en Guapi (Cauca); y
el proceso del café, en Fredonia (Antioquia).
LEGADO
PARA EL APRENDIZAJE
Al
mismo tiempo, el maestro Alberto Londoño se encontraba
trabajando como profesor de cátedra de danzas 1 y
2 en el Instituto de Deportes y Educación Física
de la Universidad de Antioquia. Para fortalecer su trabajo
escribió el libro “Danzas Colombianas,”
publicado por la editorial de la Universidad de Antioquia,
en 1988, creado para proporcionar un documento de consulta
a los estudiantes de Educación Física de la
U de A. Para él es muy importante la buena enseñanza:
“yo pienso que en la educación se debe saber
¿para qué se está enseñando?
Qué función va a tener ese aprendizaje y de
acuerdo con eso hay que diseñar el plan de trabajo.”
Este
libro fue el soporte bibliográfico para los estudiantes
de la Universidad de Antioquia, y para los estudiosos de
la danza de todo el país que se han alimentado de
su contenido; después de 20 años de su publicación,
ha tenido varias ediciones y se mantuvo en cartelera hasta
el 2009 y su tiraje sobrepasa los 10.000 ejemplares. Es
así, que su plan o meta fue dejar dos libros con
sus experiencias, que sirvan como medio de consulta para
los estudiantes. En 1995 publica el libro llamado: “Baila
Colombia” que tuvo una propuesta pedagógica
dirigida fundamentalmente a profesores que trabajan las
danzas folclóricas en los programas de la educación
formal en Colombia.
CREANDO PROYECCIONES
Alberto Londoño comenzó su trabajo como Gestor
cultural, como él quiere llamarlo: divulgador, promotor,
creador, etc. pues su posición es: “el gestor
cultural en Colombia es quien busca los recursos, para que
un proyecto tenga éxito; pero en mi caso, me tocó
hacerlo todo: enseñar, investigar, experimentar,
crear, dirigir y ser gestor.”
El
más importante de sus aportes al mundo de la danza
colombiana y latinoamericana son los eventos y espectáculos
de danza exclusivos para el formato de dos bailarines en
el escenario con el nombre de DANZA POR PAREJA: encuentros,
muestras, festivales, concursos y campeonatos. El primer
evento que creó con estas características
y con este nombre fue el Encuentro Interuniversitario de
Danza por Pareja realizado en Medellìn en 1988 en
el teatro Camilo Torres de la Universidad de Antioquia.
Más adelante propuso la creación de la muestra
latinoamericana de baile folclórico por pareja, evento
que fundó en compañía de la licenciada
María Victoria Camacho y el maestro César
Monroy; la primera versión se realizó en 1993
en la ciudad de Bogotá (Colombia), y desde entonces
se viene realizando cada año en un país diferente
de Latinoamérica. Su tercera creación fue
el Festival Internacional de Danza por Pareja DANZA COLOMBIA,
evento que se realiza cada año desde 1994 en la ciudad
de Medellín y sus alrededores.
Este CUENTO de la Danza por Pareja que comenzó en
1988 crece como bola de nieve. Hoy en Colombia y en Latinoamérica
existen diversos eventos con estas características
con nombres como: Danza en Pareja, Danza para Pareja, Danza
de Pareja, Danza para Dos, Danza Pareja y otros para niños,
jóvenes, adultos y adultos mayores, pero todos ellos
modifican o cambian el nombre pero se hacen dentro del formato
exclusivo para dos bailarines.
FORTALECIENDO
LA NUEVA ERA
Después
de este enorme trabajo, Alberto Londoño invita a
bailarines y a la juventud que ha puesto su mirada en el
arte danzario, a no dejar el estudio y la investigación
en un segundo plano, ni mostrar indiferencia por el conocimiento
de las expresiones culturales tradicionales y fundamentar
sus propuestas artísticas en el conocimiento encontrado
en los libros, en los trabajos de campo, en los maestros
con experiencias y en sus conocimientos propios, técnicos
y académicos.
“los bailarines y los maestros de danza folclórica
están interesados en aprender técnicas de
danza clásica y contemporánea en la puesta
en escena, y muy poco sobre el contexto folclórico”.
Y
hablando de los interesados en la danza, “para los
que desean aportarle a la cultura tradicional, en este caso
a la danza folklórica, mi sugerencia ha sido que
la tomen como un punto de partida, para crear un arte danzario
de identidad nacional con alto nivel artístico y
con contenidos temáticos, que se mantengan dentro
de la idiosincrasia de nosotros los colombianos.”
Para los investigadores, y para los que se disponen a aprender
por medio de la investigación, los que desean ir
a la verdadera fuente de información, hace un llamado
por la recuperación de esta información viva
que aún existe y que están dejando perder.
“Los maestros que hemos enseñado durante 30,
40 ó 50 años, que aprendimos de otros, somos
realmente los depositarios de un conocimiento, y de un saber
que terminará en los escritorios ó en nuestras
mentes, sin ser conocidos por quiénes nos van a reemplazar
en este cuento de la danza folclórica colombiana
“.
¿Qué
piensa Alberto Londoño sobre lo que debe ser la nueva
Danza Folclórica Colombiana?: “ Para que la
danza folclórica colombiana eleve su nivel técnico
y estético, requiere de un ree-diseño en su
forma estructural y en su puesta en escena, por lo tanto
hay que pensar en una danza folclórica escenario
creada para el espectáculo artístico, con
contenidos y formas contemporáneas, con propuestas
novedosas que rompan con los esquemas y los formatos rígidos
y repetitivos propios de la danza tradicional ”
“Los
que trabajamos la danza folclórica para el espectáculo
artístico, no somos los depositarios naturales de
los hechos folclóricos. Somos artistas creadores,
no copiadores ni repetidores. Esto nos obliga a construir
nuevos cuentos danzarios, apoyados en temáticas y
lenguajes corporales propios de la danza folclórica,
pero trabajados con técnicas modernas y contenidos
actualizados que lleguen a las nuevas generaciones. Pero
estas propuestas deben ser enmarcadas dentro de un contexto
cultural con sentido de pertenencia que fortalezca nuestra
identidad cultural. El formato para dos personas en el escenario
es una buena alternativa para construir la danza folclórica
escenario”.
El
conocimiento encontrado en los libros y en las personas
con trayectoria, forma en cada uno de los nuevos maestros
su verdadera conciencia en las metas que se ha trazado en
la vida. “Las personas deben tener un proyecto sobre
lo que van a ser en la vida, también deben trazarse
unas metas, bien como bailarines, creadores, coreógrafos,
o gestores culturales. Pero si su meta es la de ser un gran
maestro de danza, tienen que ser muy honestos consigo mismos
y con sus alumnos”.
Este
es el gran aporte sabio que Alberto Londoño nos deja,
para que a partir de su gran experiencia podamos tomar conciencia
del significado invaluable del conocimiento que aún
podemos adquirir y no debemos dejar perder.
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